Sobre la importancia de sentarse correctamente al piano

Peter Feuchtwanger, profesor de renombre internacional, comienza una serie de tres artículos con un enérgico llamamiento a favor de una postura correcta para combatir los problemas físicos que aquejan a tantos pianistas.

«...su postura durante la interpretación era ejemplar, tranquila, digna y bella, sin la más mínima mueca (solo con el aumento de la sordera se fue agachando sobre el teclado)».

Así describe Czerny a Beethoven al piano en 1801. Con muy pocas excepciones, dicha descripción difícilmente podría aplicarse a los pianistas de hoy, la mayoría de los cuales (sin mencionar a otros instrumentistas) adoptan con frecuencia desgarbados gestos escénicos. En la televisión, se puede observar a los músicos haciendo aparentemente enormes esfuerzos hasta parecer absurdos, con frecuentes muecas o permitiéndose movimientos extremadamente exagerados. En realidad, estos músicos a menudo no son conscientes de sus extravagancias públicas. ¿Alguna vez ha visto en la televisión a este tipo de pianistas sin sonido? Es toda una revelación.
SERENA FUERZA
Comparemos a los artistas de hoy en día con, por ejemplo, Horowitz, quien incluso durante las más espeluznantes hazañas de bravura lograba permanecer absolutamente tranquilo, con una imagen de serenidad. Lo mismo podría decirse de Heifetz, Cortot, Moiseiwitsch y la mayoría de sus contemporáneos. La gran e inolvidable pianista rumana Clara Haskil, a pesar de una grave curvatura de la columna, demostró en todo momento ser un modelo de tranquilidad, incluso bajo los más severos constreñimientos físicos y mentales. Cuántas ocasiones memorables se recuerdan de la magnífica Youra Guller, sentada majestuosamente al piano, una diosa en un vestido de noche rojo de Lanvin para todo el mundo, produciendo los fortissimos más sorprendentes, aparentemente sin el menor esfuerzo físico. Rachmaninov realizaba milagros mientras permanecía inmóvil como una estatua. En el caso de ciertos músicos de jazz, basta con observar a Fats Waller en una película antigua para darse cuenta de lo tranquilo que permanecía sentado mientras realizaba insólitos saltos con la mano izquierda.
Es interesante que, ya en el siglo XVI, el clavicembalista italiano Girolamo Diruta escribiera: «Deben evitarse los movimientos corporales innecesarios en el teclado...» Couperin escribe en su obra didáctica L´art de toucher le Clavecin (El arte de tocar el clavicémbalo) sobre el porte bello en el teclado, aunque su consejo de volverse hacia el público con una sonrisa mientras se toca no puede tomarse en serio hoy en día, y tal vez debería ser una opción exclusivamente para el maravilloso, controvertido y totalmente único pianista australiano David Helfgott.
Mientras Chopin, Thalberg y compañía fueron modelos de aplomo y elegancia en el teclado, el jovencísimo Liszt debió escandalizar a algunos de la vieja guardia con un despliegue excesivo de gestos y movimientos. Tanto es así que John Field, al final del recital del joven prodigio, se volvió con fingido horror hacia la persona que estaba a su lado y preguntó: «¿Muerde también?». Afortunadamente, en su vida posterior, Liszt consideró conveniente echar aceite sobre las aguas turbulentas.
DONDE EMPIEZAN LOS PROBLEMAS
El punto más importante es por qué es tan esencial para el intérprete la postura y el porte correctos en el piano. No es ningún secreto que un buen número de renombrados músicos sufren toda una serie de dolencias físicas, incluyendo tendinitis, codo de tenista, ganglios nerviosos, e incluso peor, distonía focal que impide totalmente el uso de una mano. Todas estas dolencias tienen su origen en el mal uso del cuerpo.
En una conferencia titulada «¿Existe una forma ideal de tocar el piano?», el ponente, tras mostrar películas de Horowitz, Glenn Gould, Arrau, etcétera, llegó a la conclusión de que no existe una forma ideal de tocar. Huelga decir que yo discrepaba y mostré mi desacuerdo, afirmando: «Aunque a lo largo de su vida muchos pianistas pueden tocar incorrectamente sin dañarse a sí mismos, hay otros menos afortunados que tienen que dejar de tocar por completo». Por ejemplo, Glenn Gould, a pesar de su uso perfecto de manos y brazos, se sentaba tan bajo en el teclado que terminó por levantar los hombros de forma poco natural, provocando dolor de espalda y entumecimiento de los dedos, así como una inmensa rigidez en el cuello. La tensión que sufría Gould se debía a la forma incorrecta de sentarse frente al teclado durante muchos años, e incluso podría haber sido en parte responsable de su muerte prematura. Por el contrario, Louis Kentner, que se sentó casi tan bajo como Gould pero usó su cuerpo correctamente, no sufrió efectos negativos y tocó magníficamente hasta la vejez.
Como miembro del jurado de un concurso internacional de piano, me correspondió estar sentado junto a un famoso pianista francés y respetado profesor. En cierto momento se volvió hacia mí y se quejó de los movimientos exagerados y poco funcionales de un candidato en particular que estaba tocando. Cuando le hice notar que se estaba quejando de su propia alumna y le pregunté por qué no le había comentado a ella nada de aquellos malos hábitos, me respondió diciendo que su deber no era corregir esos defectos físicos.


Clara Haskils Hands on the keyboard


Las manos de la gran pianista Clara Haskil muestran una posición ideal de la muñeca y los dedos.
(CORTESÍA DE PETER FEUCHTWANGER)

¿LIBRE DE IMPUESTOS?
Pero, si no es deber de los profesores ¿a quién corresponde entonces? Esto me recuerda otro caso, lamentablemente uno entre muchos. Un colega, profesor en una de nuestras prestigiosas instituciones de música, me pidió que cuando se iba de gira de conciertos cuidara de uno de sus estudiantes más dotados. En uno de esos períodos, no supe nada del estudiante durante algún tiempo. Cuando finalmente me telefoneó y le pregunté el motivo de su largo silencio, me confesó que había desarrollado una tendinitis. Le pregunté por qué no se había puesto en contacto conmigo de inmediato, ya que podría haberla ayudado. Cuando le pregunté qué le había sugerido su maestro que hiciera, respondió: «Me dijo que dejara de tocar, que me inyectara cortisona o que estudiara la Chacona de Bach/Brahms o el Concierto para la mano izquierda de Ravel». Le dije que si practicaba esas piezas también podría desarrollar tendinitis en la mano izquierda. Le sugerí que nos viéramos de inmediato y en una semana su tendinitis se curó por completo mediante el despliegue de una serie especial de ejercicios que yo había ideado y aprendiendo a liberar la tensión de aquellas partes de su cuerpo que no había estado usando. También le recomendé (como hago con todos mis colegas y alumnos) leer Zen in the Art of Archery (Zen en el arte de la arquería) de Eugen Herrigel, y el excelente libro The Pianist´s Talent (El talento del pianista) de Harold Taylor (Kahn Avenil) para profundizar en los problemas de la interpretación.
Hay movimientos funcionales y disfuncionales que se pueden entender mejor aprendiendo la Técnica Alexander, el método Feldenkreis o cualquiera otro de artes marciales. Sin embargo, es triste que haya tan pocos maestros que presten atención a la correcta práctica física del alumno. En mi carrera docente a lo largo de casi tres décadas, rara vez me he encontrado con un pianista que utilizara su cuerpo con suficiente perfección. A mi puerta han llegado un buen número de pianistas, prodigiosamente talentosos, que sufrían grandes dolores derivados de algunos de los padecimientos físicos antes mencionados. Estos pianistas solo podían tocar con ayuda de inyecciones de cortisona (algo que yo desaconsejaría encarecidamente), mientras que a otros les habían dado el consejo médico de someterse a una cirugía. Cuando les dije que podían curarse con unos simples ejercicios de teclado que yo había ideado para este propósito, ante esta idea expresaron su escepticismo que, sin embargo, se convirtió en alegría cuando después de un período relativamente corto estaban completamente curados.
Mi colega Carola Grindea experimentó situaciones similares con numerosos músicos y, como resultado, fundó la Sociedad Internacional para el Estudio de la Tensión en la Interpretación (International Society for the Study of Tension in Performance,ISSTIP).
NI MANZANAS NI MARTILLOS
Todo profesor de un instrumento debería poder ayudar a los estudiantes a superar las diversas afecciones físicas mencionadas anteriormente. Todo lo que se requiere es sentido común, una comprensión real del cuerpo humano y de la psique de cada candidato. Esto evitará que los instrumentistas recurran a inyecciones de cortisona, o peor aún, se sometan en muchos casos a operaciones innecesarias. Si a los niños se les enseñara a usar su cuerpo correctamente desde el principio y no se les dijeran falsedades tan ridículas como «debes tocar el piano como si tuvieras una manzana en la palma de tu mano» o «usa los dedos como si fueran pequeños martillos», no desarrollarían tan a menudo todas esas temibles dolencias que sufrirán más tarde en su vida.
Volviendo a los maestros del teclado como Mendelssohn, Chopin, Horowitz, Cortot y Haskil, por nombrar sólo algunos, todos tocaban con dedos alargados, manipulando las teclas, en lugar de levantar los dedos para golpear las teclas desde arriba. Una articulación correcta depende únicamente de la velocidad con la que se suelte la tecla, y no de lo alto que se levante el dedo. Tocar el piano requiere tensión; para producir esta tensión, paradójicamente, no podemos permitirnos estar tensos. La respiración correcta (¡se exhala al pronunciar una palabra!), la postura frente al piano, la altura del taburete del piano (el teclado debe estar en línea con el codo, ¡no hay que sentarse más alto!), el despliegue correcto de los dedos, manos y brazos, hombros, muñecas y pulgares en todo momento libres, movimiento elíptico (principalmente en el sentido de las agujas del reloj para la mano izquierda, en el sentido contrario a las agujas del reloj para la mano derecha) son requisitos imprescindibles para tocar correctamente con un bello timbre del canto y una técnica virtuosa (naturalmente, ¡dependiendo también en gran medida de la imaginación y la capacidad auditiva!).
En las artes marciales, se debe hacer uso de la energía interna del adversario, para ganarle. En el caso del pianista, no tenemos necesidad de pelear con el teclado, sino intentar utilizar al máximo su energía inherente. Con frecuencia se puede comparar con el lanzamiento de una piedra plana sobre el agua que rebota una y otra vez.
Por lo tanto, la postura correcta en el teclado y el uso adecuado del cuerpo mientras se toca es la base más esencial para tocar el piano, un verdadero requisito previo tanto para la salud del pianista como de la música.

JULIO/AGOSTO 1997 PIANO página 9ff.

Muchas gracias por el Traducción del inglés a Taciana Fisac


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